La historia de Napoli se remonta 40 años atrás. Corrían los 70 y Francesco Chiavacci, Alberto Improta, Nella Lombardo y Benjamina Climent aterrizaban en la playa de Pobla de Farnals. Para unos jóvenes inmigrantes recién llegados de Nápoles, la cuna de la pizza, resultó llamativo no encontrar lo que es un instrumento esencial en su cocina regional: no había ningún horno de leña entre los restaurantes de la zona. Ni cortos ni perezosos, decidieron que eso iba a cambiar. 

Con los ahorros que habían podido reunir a lo largo de los años, decidieron embarcarse en la aventura de la pizza artesanal cocinada en horno de leña. Así nació Napoli.

En un pequeño local en el que apenas cabían siete mesas, al final de la Avenida de Neptuno (la misma avenida en la que está el restaurante actual), con el horno de leña por bandera, empezaron a desarrollar y a dar a conocer la cocina típica de la Campania, la región italiana que tiene Nápoles por capital. Inicialmente, la propuesta de Napoli se planteó como una pizzería pura y dura: una carta con 7 pizzas, 2 o 3 pastas y algún que otro postre. El objetivo no era otro que importar la esencia de la gastronomía napolitana. Artesanía, producto y recetas familiares. Y la fórmula funcionó.

Con un local hasta la bandera y desbordados de trabajo, en apenas 5 años decidieron ampliar horizontes y se trasladaron al número 25 de la misma avenida, el que sería la casa de la pizza y uno de los restaurantes más emblemáticos de la zona durante los últimos 35 años.

Mucho tiempo ha pasado desde el año 82. Desde entonces, Napoli ha hecho disfrutar a los miles de comensales que se han sentado a su mesa. Ahora es el turno de una nueva generación de aquellos inmigrantes napolitanos que comenzaron esta gran aventura en 1977, conservando las raíces y la esencia de este templo del culto a la cocina de la Campania.